Señor Director:
Las falacias son razonamientos aparentemente correctos (y que por lo mismo seducen fácilmente) pero que esconden algún vicio que los vuelve falsos.
Una de las famosas falacias es la llamada del "falso dilema" que consiste en afirmar que existen sólo las alternativas presentadas (y no otras), obligando al oyente a elegir una de ellas (generalmente la que aparece "menos mala" y que coincide con la que prefiere el que propone el argumento).
El caso HidroAysén es un ejemplo paradigmático de esta falacia. Aparentemente o aprobamos estas represas en la Patagonia -junto con sus líneas de transmisión monstruosas- o nos quedamos a oscuras y nos condenamos al subdesarrollo o, en el mejor de los casos, quedamos a expensas de fuentes de energía contaminantes (carbón) o peligrosas (nuclear). Ante ese dramatismo, cualquier persona en su sano juicio opta por las represas.
Además -lo que hace que esta falacia sea aún más engañosa- se carga al auditor con la responsabilidad de encontrar una solución mejor: "Si no te gustan las represas, propón otra solución". ¿Desde cuándo es un buen argumento el desconocimiento de una mejor opción? Si fuera así, la humanidad hubiera tenido que conformarse mil veces con malas soluciones. Precisamente, forzados por soluciones malas o perversas, la creatividad humana ha buscado y encontrado vías mejores.
Frente a esta falacia, hay que negarse a que nos pongan en una encrucijada donde los términos son definidos por quienes nos quieren forzar a aceptar sus argumentos. La alternativa no tiene por qué ser HidroAysén o la crisis energética. Existen otras alternativas energéticas viables y es responsabilidad de la autoridad, no de nosotros, el encontrarlas y desarrollarlas.
SEBASTIÁN KAUFMANN SALINAS
Departamento de Filosofía
Universidad Alberto Hurtado
FUENTE :http://blogs.elmercurio.com/columnasycartas/2011/05/11/hidroaysen-y-el-falso-dilema.asp










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